Articulos
DIRECTORA, VICEPRESIDENTA, PRESIDENTA
3 junio 08 by Jorge Estrella Peñamedrano
Este acto de atribuir signos es la manera en que la vivencia intenta perpetuarse a través de la designación, quedando plasmada en cada signo la experiencia que generó la motivación de significar.
Cuando observamos que la historia a generalizado los puestos y profesiones bajo el género masculino nos damos cuenta que estos signos atribuidos a las funciones designan una experiencia, la cual funda un discurso en el que signos (presencias) y símbolos (representaciones en ausencia) intentan perpetuar un modelo que garantice el control de los elementos involucrados, tanto en presencia como en ausencia.
La exclusión del género femenino en la designación de puestos directivos nos muestra a las claras la manifestación de un género en tener el control sobre el otro.
La historia es un conjunto de hechos, los cuales al ser narrados cobran significación, justamente por los significados atribuidos a cada uno de los términos empleados.
Si los cargos jerárquicos o puestos laborales directivos, son designados por sustantivos masculinos, queda denotada la exclusión del género femenino de esas posiciones claves.
Profundizando en estos atributos del lenguaje para reflejar las relaciones interpersonales, vemos que existe una clara y expresada relación de empoderamiento a través de los signos que denotan masculinidad asociados a puestos directivos.
¿Por qué? Y aquí voy a compartir mi hipótesis al respecto: Durante los últimos dos mil quinientos años cronicados en la historia de las diferentes civilizaciones han sido los hombres los que plasmaron en letras y discursos orales las diferentes relaciones entre los signos y sus significados. Si lo narrado está estrechamente vinculado al narrador podríamos aseverar que la historia nos habla desde una perspectiva 100% masculina, excluyendo o significando lo femenino de acuerdo al sesgo que brinda una visión parcializada o sesgada por un protagonismo de género.
El poder del discurso, sumado al control económico generó un modelo, en el cual mis antiguos congéneres se sentían poseedores del control en la evaluación de las relaciones interpersonales y sus representaciones.
El haber transformado en genérico los títulos atribuidos a las profesiones como a los cargos jerárquicos empresariales o institucionales, refleja el modelo al que aludimos.
El generar un lenguaje participativo e incluyente de todos los actuantes en nuestra civilización nos lleva a exteriorizar un cambio que esté en resonancia con las transformaciones culturales en torno a la “equidad de género”.
El ascenso generalizado de las mujeres a puestos jerárquicos en las organizaciones, reflejará estos cambios como signos de evolución de la consciencia social y la re-significación de los contenidos de un lenguaje parcializado y fragmentado, el cual nos impide acceder a la cosmovisión que nos posibilitaría la trascendencia a partir de la integración de los conceptos femenino/masculino.
Para facilitar este proceso de transformación es necesario deponer la actitud basada en la creencia de que el poder económico brinda la seguridad al hombre a través del sometimiento de las mujeres y de sus congéneres, reflejado en la frase “El que paga manda”.
Esta conducta que se expresa en la necesidad de tener el control, lo único que connota es miedo, emoción que erige los muros de la prisión en los que carceleros y prisioneros/as comparten un mismo destino, ambos han perdido la libertad.
Es por esto que invito a todos/as los/as que comparten estas letras a deponer una actitud de discriminación y exclusión fundada en las diferencias, cuando éstas, en vez de empobrecernos constituyen nuestra máxima posibilidad de crecer y desarrollarnos.
Aboguemos por una transformación del discurso que se ha empeñado en marginar factores fundamentales de nuestra sociedad internacional: Bienvenidas Directoras, Vicepresidentas, Presidentas, Médicas, Ingenieras, Coronelas, Generalas, Capitanas, etc.
Y como hombres depongamos el deseo de control, cuyo único fin es mitigar el miedo de enfrentarnos a nuestra propia vulnerabilidad, y por lo tanto negarnos la oportunidad de conocernos y elevarnos para alcanzar nuestra verdadera libertad, requisito fundamental para vivir responsablemente y comprometidos con nuestra vocación.
El integrar a mujeres en puestos directivos brindará a las organizaciones una nueva y más amplia visión de sus alcances, en un mercado cuyos niveles de exigencia por el respeto hacia la diversidad e inclusión irá creciendo de manera acelerada, y que sancionará las prácticas, políticas y culturas que no estén comprometidas con la responsabilidad social que estos aspectos representan.
Salvar este artículo en:
meneame
|
technorati
|
del.icio.us
|
digg
|
reddit
|
furl
|
spurl
googlekicks
scurj
|
ma.gnolia
|
newsvine
|
google
|
yahoo
