Articulos

SOLEDAD

2 marzo 07 por Sinapsis

“¡Te haz portado muy mal! Eres un niño malo, por eso te he castigado. Si continuas así nadie te va a querer y te vas a quedar solo.”

Y la SOLEDAD emergía como un fantasma. No me quedaba ninguna duda de que sería algo espantoso, mucho más dolorosa que las piernas marcadas con el cinturón de cuero o las privaciones de salir a la puerta de calle, o los encerrones en el cuarto, o los gritos amenazantes de una madre “amorosa” o de un padre “comprensivo”.

¿Qué sería eso tan horrible y espantoso que surgía de un momento a otro con la promesa de atormentarme el resto de mis días?

“¡Nadie te va a querer y terminarás SOLO!” Una y otra vez el eco amenazante irrumpía en mi mente.

El mandato familiar, como tantos otros, enraizado en el miedo, se termina cumpliendo:

“Lo que se evita se invita”, diría la Gestalt, o en mis propias palabras: “El miedo provoca aquello que uno trata de evitar”.

¡Lo logré! ¡Lo hice! Además mi mamá no podía estar equivocada, ¡Al fin me quedé solo!

Mi primera reacción fue de miedo. La sombra de las palabras fatídicas, escuchadas como maldición inexorable en el discurso callejero:

“Viejo, solo y enfermo”

¡Qué triste presente y qué lamentable futuro!

Llegué a México hace 18 años, lo único que me acompañaba era un puñado de sueños.

Mi primer contacto con la SOLEDAD en estas tierras antes lejanas:

Estaba en el cuarto de un pequeño departamento, llevaba dos días postrado, la fiebre me hacía sudar en aquel infernal verano de Monterrey. Un colchón en el piso, las paredes blancas, sin un cuadro donde posar la vista, sin una repisa donde hubiera un recuerdo… nada, todo vacío. Las lágrimas comenzaron a rodar lentamente, y luego como cascadas. Al llanto le sucedieron una gama extraña de gemidos. Por qué había venido de tan lejos a morirme SOLO, como un perro callejero, sin nadie cerca aunque más no fuera para alcanzarme un vaso con agua.

Al tercer día la fiebre cedió, el departamento seguía desierto, y yo tan SOLO como a mi llegada.
Me enamoré, rápidamente, tenía que encontrar a alguien que me ayudara a exorcizar el fantasma de la SOLEDAD.

Y el eco de las palabras de mi madre retornaban con un golpeteo profundo en mi mente:

“Hijo, no es bueno que el hombre esté SOLO”

Deposité en esa mujer, ahuyentadora de mis miedos, todas mis expectativas. Ahora sí, ya no volvería a estar SOLO.

Cuánta crueldad en demandar a otras personas que llenen los vacíos, esos espacios recónditos de nuestro propio ser. No funcionó ¿Es que podría hacerlo?

Un día, al regresar de mi trabajo encontré una esquela, más parecía fúnebre que informativa:

“Saca todas tus cosas de la casa. Me fui a Vallarta y no regresaré hasta que te hayas ido”

Miré la puerta de calle, ahora una enorme boca abierta dispuesta a engullirme y nuevamente a apartarme de todo y de todos. Volví mi vista hacia el piso y repetí el discurso aprendido desde hacía tiempo, el cual me salía cada vez mejor:

“De nuevo SOLO ¿Por qué?”

Recogí las pocas cosas que me pertenecían y me recibió una noche oscura, tan oscura como las emociones de espanto que brotaban de mis vísceras contraídas y revueltas. Sí, de nuevo SOLO, arrojado a esa intemperie para mi harto conocida.

Una amiga se condolió de mi situación, pero más de mi estado, y me prestó un cuarto de una propiedad en alquiler. Otra vez un colchón en el suelo, otra vez una habitación vacía, o mejor dicho atestada con fantasmas con pancartas cuya leyenda resaltada expresaba:

“SOLEDAD”

Lo más triste, en ese espacio construido con culpas y reproches, era que en el cuarto de al lado, con sendos colchones en el piso, mis hijos. Otra vez los había arrastrado a mis estúpidos juegos de enamoramientos y abandonos.

Y pasaron los años ¿Cuántos? La verdad es que no importan. El más chico de mis hijos partió hacia España a estudiar Diseño Gráfico, y el mayor decidió postergar unos años su partida, hasta que hace tres años se fue por 15 días de vacaciones para ya no regresar.

Ya había escuchado hasta el hartazgo la frase trillada: “El síndrome del nido vacío”

Pasaba por los que habían sido sus cuartos, todo estaba igual, nada se movía o quitaba. Me asomaba al umbral de las puertas y sentía el corazón apachurrarse. Respiraba hondo, y sin pensarlo derramaba un par de lágrimas sobre cada cama vacía. Se habían ido, ya no regresarían, y yo cada día estaba más SOLO.

A veces, y a modo de consuelo, recordaba las palabras de mi madrina y maestra, Doña Paula:

“Jorge, había una vez un viejito que vivía en una bodega, él siempre me decía: La gente dice que estoy SOLO, pero no estoy SOLO”.

Le preguntaba una y otra vez qué quería decirme con eso. Cierto día hubo la respuesta por la que yo clamaba:

“Jorge, nunca estuvo, ni está, ni estará SOLO. Hay tanta gente que necesita compañía. Tan solo tiene que aprender a ver, a oír y a sentir, lo demás como quiere llega.”

Y nada detenía el transcurrir del tiempo, en la cima de la sierra donde construí mi casa empezaron a brotar los árboles que sembré y cada amanecer el sol me despertaba. Mis ojos dejaron de buscar los ojos de los demás, simplemente se concentraron en mi propia alma.

El primer síntoma fue el cambio de mi respiración, ésta empezó a ser profunda, pausada. Mi espalada y cuello, siempre tensos empezaron a disfrutar de una sensación desconocida. Ya no había a quiénes culpar, estaba SOLO, esto me alejaba del juicio y mi mente empezó a descubrir un espacio para CREAR. Siempre había estado allí, aguardando la quietud de mi mente para recibirme y presentarse como mi fiel amante, es la única que siempre me ha acompañado, sobre todo ha estado al lado mío cuando más necesitaba compañía, y yo ni cuenta me había dado.

Comprendí que gran parte de mi vida me la pasé corriendo en busca de algo, cualquier cosa que “me hiciera feliz” y eludiendo lo único que puede hacerme feliz el encuentro conmigo mismo.

Hoy, he accedido a la Libertad que se gesta cuando nos conocemos. No tengo que buscarme afuera, ni identificarme con patrones o modelos que lo único que hacen es transformarnos en impostores.

Hoy, esta Libertad me transforma en un ser Responsable. No necesito andar buscando a quién culpar de mis propias limitaciones. Ahorro tiempo y energía.

Hoy, siento y vivo el Compromiso de autoparirme. Sí, recrearme y elegirme a cada instante.

Hoy, ya no estoy solo. Encontré a mi verdadera amante, SOLEDAD, y como para nada es celosa puedo compartir con total Libertad/Responsabilidad/Compromiso mis verdaderos sentimientos y emociones.

Ahora comprendo a mi madrina, Doña Paula, ya nunca volveré a estar SOLO, me tendré a mí mismo y a mi amada SOLEDAD.

Por Jorge Estrella Peñamedrano

Comparte este artículo:

SocialTwist Tell-a-Friend


Comentarios

  1. Comprendí que gran parte de mi vida me la pasé corriendo en busca de algo, cualquier cosa que “me hiciera feliz” y eludiendo lo único que puede hacerme feliz el encuentro conmigo mismo.

    En ese proseso estoy yo Jorge …

    Un fuerte abrazo

    Por Patricia el 25 marzo 2007    #

  2. Poca cosa es conformarse con uno mismo, oh mortal. Sigue buscando hasta encontrarte con aquel que dijo: “Yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo”. Tu creador, el mismo Dios que dio la victoria a David frente a Goliat, te espera para que camines cada día de su mano.

    Por Verónica el 4 junio 2007    #

  3. Mira vos…tantos años han pasado y hoy se me dio por buscarte por internet y te encontre en dos segundos. Me paso lo mismo con otro Jorge aquel chico pianista…te acordas? Uliarte.
    Deduccion: encontrarte no fue dificil, fue dificil llegar a la idea de buscarte.
    Pero en este lugar pedis ‘‘Su comentario’‘ y ya que insistis…aca va ;)
    quien es el que se siente solo? o mejor dicho: que es lo que se siente solo?
    Una imagen de uno mismo? una imagen asociada al sentimiento de soledad?
    quien inventa todo eso? desde cuando uno esta solo o acompañado?
    Respuesta tentativa: desde que uno piensa en eso.
    Y como llega uno a pensar en la soledad?
    Respuesta tentativa: porque me la inculcaron los que me dieron la idea de soledad. Que ademas nunca investigue para ver si era cierto o solamente estoy aceptando que la soledad existe.
    Conclusion apresurada: la soledad no existe, es un invento de la mente para sobrevivir. Y porque se siente mal? porque la mente insiste en estar y uno insiste en asociarse con sus pensamientos asumiendo que uno es el pensador. Pero eso tampoco es cierto, uno no es el pensador, los pensamientos… la memoria, crean al pensador.
    Un abrazo

    Por Jose Rivero el 1 octubre 2007    #

  4. Soledad… Tenlo por seguro que nunca estamos solos, siempre estamos acompañados por algo o por alguien, ya sea, por uno mismo, nuestros fantasmas, gente que a distancia nos añora, o que muchas veces tenemos tan cerca y somos tan ciegos para ubicarla;lo que se concidera seguera de destino en realidad es miopía propia.
    Pero el mejor acompañante, amigo, nuestra media naranja, unicamente es Dios.
    Con Él nunca nos faltara nada, ni sentiremos esa terrible soledad o mas bien fantasma que algunas veces nos atormenta.

    Solo queda el no alimetar a esos parásitos.
    Ya que solo tienen una accion en la mente que hace dar la impresion de otra entidad diferente de uno mismo;ya que procede completamente de de palabras contenidas en enegramas.
    Y lo mas importante estar siempre de la mano de nuestro Maestro.

    Por Pamela Labastida el 20 mayo 2008    #





Ayuda Textile

Sinapsis Empresarial